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El territorio Konkaak antes de la llegada de los Españoles tenía como límites los elementos naturales como el mar, las cadenas montañosas y el inhóspito desierto de Encinas. Sobre la costa desértica, hacia el sur, lo limitaba el Río Yaqui, al norte el Desierto de Altar, al este llegaba hasta Horcasitas y al oeste, además de la costa, ocupaban las islas cercanas como Tiburón, San Esteban, la Isla de Patos y Alcatraz.

Como cultura nómada, los Konkaak se trasladaban en función de los recursos acuíferos y según la naturaleza cíclica de la flores y la fauna que eran sus recursos básicos de sobrevivencia. Durante los Siglos XVIII y XIX obtenían maíz de los Yaquis y Mayos del sur a cambio de sal y pieles de venado.

Algunos historiadores como Moser, consideran que en la época prehispánica estaban organizados en seis bandas, divididas a su vez en clanes, todos con espacios territoriales reconocidos : Los Tepocas o Salineros, los Tioteños, los Tiburones o Seris, la gente del desierto, los Upanguaymas y los de la Isla de San Esteban.

En los tiempos difíciles, en los expedientes de caza y pesca, en la recolección y repartición de alimentos, las actividades dentro de las bandas eran colectivas, de cooperación y armónicas.

Por su cultura los Konkaak eran la antítesis de lo que necesitaban los Españoles, y luego los Mexicanos para la colonización : Su territorio no era fácilmente aprovechable, no tenían riquezas acumuladas, no producían lo suficiente para hacer redituable la conquista y eran inútiles como mano de obra para cultivar y servir, ya que carecían de los elementos culturales necesarios para ello. Es decir, no tenían una cultura agrícola, no podían ser retenidos en un sólo lugar, tenían una religión animista y no reconocían jefe, ni autoridad permanente alguna.

Durante el período colonial los contactos más estables se dieron entre los Seris y los Jesuitas, quienes intentaron concentrarlos en pueblos donde creían que podían evangelizarlos y enseñarles labores agrícolas. Ninguno de estos esfuerzos tuvo éxito y los Seris siempre regresaron a la vida del desierto.

Por lo anterior, siempre fueron considerados como un grupo belicoso, la concepción imperante entre los blancos, era que los Seris sólo se dedicaban al pillaje, al robo y a la matanza de ganado. Por eso los Españoles primero y los Mexicanos después establecieron políticas de exterminio y no de colonización, sobre todo en los dos primeros tercios del Siglo XIX cuando fueron más perseguidos.

Cabe remarcar que los Seris nunca fueron formalmente conquistados y menos aún organizados y pacificados. Sin embargo, poco a poco los fueron confinando a la parte más inhóspita de su territorio.

La escasez de agua y de animales para la casa, además de las enfermedades que padecían, fueron los factores predominantes que hicieron que los Seris abandonaran su refugio en la Isla Tiburón y volvieran a incursionar en tierras continentales, primero para contratarse temporalmente con armadores (comerciantes de pescado) y rancheros, y después para establecerse allí definitivamente.

En 1936 el General Lázaro Cárdenas, entonces Presidente de la República, atendiendo a sus demandas de apoyo los organizó en cooperativas de pescadores, les proporcionó el equipo necesario y los concentró en el poblado de Bahía Kino. Sin embargo, al irse colonizando cada vez más este poblado por pescadores no indígenas, los Seris se trasladaron al Desemboque, usando como campamentos ocasionales algunos campos intermedios.

En 1970 se les dotó en ejido una franja costera de 91,000 hectáreas y posteriormente, en 1975, en varios decretos más, se declara el Canal del Infiernillo como zona de pesca exclusiva para los Seris y les otorga simbólicamente como posesión comunal la Isla de Tiburón, que se decreta a su vez como zona de reserva ecológica.

 

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