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 Inicio > Cultura > Etnias Sonorenses

Al tiempo del contacto con los Españoles, las tribus del Centro de Sonora estaban pasando por una serie de reacomodos en los territorios que ocupaban. Desde antes de comenzar el Siglo XVII, las bandas O´patas y Gudeves ejercían una fuerte presión sobre varios puntos de asentamiento de los Pimas Bajos, sobre todo en la región de Tónichi y en los valles de los ríos San Miguel y el Alto Sonora.

Las primeras crónicas de los Españoles Describen a los Pimas como un pueblo agricultor que no dedicaba demasiado tiempo a las actividades guerreras, era un pueblo amante de la paz. Pero otros documentos posteriores los caracterizan como buenos combatientes y formidables arqueros, temidos hasta por los apaches.

Hacia 1536 se unieron varios centenares de Pimas Bajos con cabeza de vaca hasta llegar a Sinaloa y allí establecieron una comunidad llamada Bamoa. El movimiento de este grupo de Pimas, que habitaba en rancherías situadas en el Valle del Río Nuri (un afluente del Yaqui), corrobora la tesis de que los Pimas buscaban como alejarse de la invasión de los O´patas -Esedeves.

En 1619 comenzó la penetración de los misioneros entre los Pimas del Sur de Sonora, a quienes los Jesuitas llamaban Nebones Bajos. En un período de un año se llegaron a bautizar a no menos de 9,000 Pimas y dos años más tarde los Jesuitas comenzaron a evangelizar a los Nebones Altos (es decir a los Yécoras).

En 1633 estalló en Nuri una revuelta como consecuencia de la acción del gobernador de la entonces provincia de Sinaloa, quien apresó a varios líderes Pimas lo que provocó un clima de tensión y resentimiento que no permitía los avances de los misioneros entre las comunidades Pimas situadas al este del río Yaqui.

Cuarenta años después, en la década de los setenta del Siglo XVII, se establecieron más sólidamente las misiones de la región de Yécora y Maycoba. Hacia 1678 se consideraba que había más de 4,000 Pimas habitando en las inmediaciones de las 9 misiones que operaban los Jesuitas. Pero a pesar de los avances de la evangelización, varias fracciones Pimas continuaron resistiendo la penetración de misioneros y mineros.

Los abusos de ciertos misioneros, como la gran cantidad de muertos que causaron algunas epidemias de enfermedades importadas por los europeos, generó que en 1690, 1697 y 1698 se unieran guerreros Pimas con los Tarahumaras y se levantaran en rebelión.

Las relaciones entre Pimas Bajos y Españoles fueron más bien pacíficas durante el primer siglo y medio de contacto. En ocasiones, algunos Pimas se mostraron más que dispuestos a establecer contacto con los recien llegados, como en el caso de la migración a Bamoa. En otras, algún acontecimiento concreto, como la injusta aprehensión de los líderes en San Felipe, condujo a otros Pimas a resistir activamente la penetración española.

El alto grado de aislamiento de esta región (serrana), el poco interés que suscitaba entre los colonizadores y el relativamente pequeño número de las misiones en ella establecidas, determinaron que en la sierra, las transformaciones no tuvieran un impacto tan acusado como ocurrió agudamente en la parte accidental de la Pimería Baja. Las comunidades de la sierra, villas y rancherías, lograron mantenerse así como región de refugio, como enclaves en donde los procesos de culturación avanzaron con mayor lentitud durante toda la época colonial.

Las fuentes documentales sobre la Pimería Baja del Siglo XIX son aún más escasos que las coloniales, casi inexistentes. Esto se explica porque en la mayor parte de esa centuría, el área fue casi abandonada por los pocos blancos que se habían asentado en ella durante los Siglos XVII y XVIII. Un serio peligro amenazaba no solo a los misioneros, mineros y gambusinos yuris, sino tambien a los propios Pimas : Las incursiones de las bandas de los Apaches.

Aunque la región no fue trato de batallas importantes durante la revolución si pasaron por ella algunos grupos de combatientes, probablemente villistas. Hubo Pimas que se unieron a la lucha unos por convencimiento y otros por la leva, pero otros prefirieron mantenerse al margen de una guerra que no era suya, para lo cuál se adentraron en la sierra.

Entre los actuales Pimas de Maycoba existe un sentimiento generalizado de que por su participación en las guerras contra los Apaches y en la revolución, ellos tienen más derecho sobre el territorio que los Yoris.

Los despojos y abusos sobre los indígenas fueron creciendo en cantidad y calidad hasta desembocar en una situación de franca hostilidad. Actualmente no es extraño escuchar las quejas de los Pimas sobre el comportamiento violento, que a veces llega al asesinato, de los Yoris.

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